diumenge, 9 de gener del 2011

Repensar la crisis: actuemos también sobre el cambio de valores

Mario Sánchez Brox


Algunos pueden argüir que la crisis financiera global que estallara en 2007 es consecuencia del capitalismo salvaje y liberar a continuación todos los demonios, fundándose en esquemas sociales y económicos pretendidamente científicos. Si la Ilustración se apropió de los rasgos todopoderosos del Altísimo cristiano, para construir en él el nuevo edificio que la razón levantaba, la ciencia, obra maestra de esta nueva construcción, se yergue como heredera directa de esta fatídica nota universal. Con la intención de alejarme de totalitarias recetas metódicamente diseñadas y coloreadas ad hoc para cada situación de la vida, me propongo abrir un espacio de discusión y enriquecimiento para trazar nuevas formas en el pensamiento para dedicado lector y, ya como sublime recompensa, la maduración de estas humildes propuestas desde el respeto y la cooperación.
Quisiera restringir un tema tan amplio como el de la actual crisis financiera a un terreno sobre el que mi mente ha hallado una sensibilidad especial: los valores que guían las conductas. Luis A. Riveros escribía un artículo recientemente para el Instituto Elcano en el que se detallaban las causas de la crisis en las economías nacionales, con especial atención al origen en EEUU, las debilidades macroeconómicas internacionales, a lo que añadía una perspectiva del diagnóstico y pronóstico que el G20 realiza de la situación.
Riveros identifica como uno de los factores de la crisis un problema de gobernanza, es decir, un problema que gira alrededor del diseño y las capacidades institucionales para responder a la realidad y su modo de operar. En efecto, el modelo político estadounidense se inspira en un conjunto articulado de ideas, concepciones, afirmaciones, que dan forma y fuelle a sus instituciones (como ocurre a su vez en sentido inverso). Esta ideología más o menos articulada y consciente genera en la ciudadanía estados de ánimo ante una percepción de la realidad. Éstas derivan en sentimientos (de completud, necesidad, autorrealización, celos, frustración, etc.) que se traducirán en una interacción con el espacio público, incluidas las instituciones. Tomando un elemento de la sociedad estadounidense, que bien podría extrapolarse al resto de economías desarrolladas, su modelo político se basa en “propiciar altas expectativas a los ciudadanos sobre el ritmo de la economía”. Un ejemplo próximo de esta extrapolación: la confianza del Rey Juan Carlos I en la vuelta a la senda del crecimiento económico como deseable mayúsculo durante su último mensaje navideño encauza en la misma línea al espacio político de consenso en el estado español. Este papel capital del ritmo de la economía para cubrir las expectativas del ciudadano (esto es, calidad de gobierno), llevó a la administración a un callejón sin salida, en el que se hacía muy costoso en términos electorales cortar la lógica expansiva del crédito con clientes sin suficiente securización, y se adoptó expresamente una política de expansión fiscal para alimentar el crecimiento, repercutiendo en la expansión del crédito y el aumento de la burbuja.
La economía es la ciencia de la asignación de recursos escasos, es decir, que su ámbito de estudio lo constituyen bienes y servicios objeto de medición y valorización. Bajo la afirmación de Riveros observamos el gran peso que se le otorga a estos recursos escasos en los estados de ánimo de la ciudadanía, que amenazan a las personas con una venenosa concepción de la riqueza. Un discurso político que impele al éxito, entendido éste como el triunfo del individuo a través del crecimiento de su capacidad de compra. No estamos ante otro planteamiento que la felicidad de las personas se construye mediante la obtención de riqueza -fundamentalmente, si bien de manera no exclusiva- en su sentido económico. Aquella parte de felicidad no cubierta con riqueza económica la constituirían las relaciones personales, el reconocimiento, la salud, la belleza, la integridad, la valentía, la inteligencia, el tiempo libre, etc. Desde luego todas ellas fuera del alcance de la ciencia económica de modo mensurable. Sin embargo, el gran peso del valor que denunciamos, de considerar la riqueza económica como pivote primordial de nuestra felicidad, lleva a reproducir el enaltecimiento de la ciencia económica y su área de estudio como proveedora de los elementos a tener en cuenta en las discusiones sobre una crisis que dista mucho de restringirse a una única materia.
No se debe olvidar que la ciencia económica no es un todo omnicomprensivo, ni mucho menos debe revestirse de aquella gracia divina totalitaria, es apenas un instrumento más para comprender y tratar de mejorar, desde el ámbito de las políticas públicas, las condiciones que predispongan a las personas a alcanzar su felicidad. Observamos con claridad con el ejemplo de actualidad de la crisis financiera global, cómo este valor de la riqueza ha perjudicado gravemente no sólo aquellos elementos soslayados por la visión económica de riqueza, sino a la misma satisfacción de condiciones materiales de millones de personas que, bajo este valor, se intentaba conseguir.

divendres, 7 de gener del 2011

Lectura 1

Características del conocimiento científico”
Manual de Economía Política (Gino Longo)


Schumpeter, apelando a un enfoque empirista, define ciencia como “cualquier tipo de conocimiento que haya sido objeto de esfuerzos conscientes para perfeccionarlo. Estos esfuerzos producen hábitos mentales -métodos o técnicas- y un dominio de los hechos descubiertos por esas técnicas”.
Longo defiende la profundización en el concepto conocimiento a fin de aceptar esta definición. La finalidad del conocimiento es descubrir las leyes del universo empírico que rodea al hombre, y se caracteriza por tres elementos básicos:

  1. El conocimiento científico debe trascender la mera descripción de lo real, ser capaz de explicar, de formar en la mente un esquema de funcionamiento de la realidad.
  2. Esta realidad debe ser, continúa el autor, explicada a partir de ella misma, sin introducir elementos extraños. La adopción de este método en la totalidad de esferas de la realidad conduce al materialismo filosófico, que implica el estudio de la realidad objetiva tal y como es, con independencia de la conciencia humana. El marxismo constituye el primer ejemplo de materialismo filosófico llevado al extremo.
  3. El conocimiento no es más que una parte de la actividad humana. Las personas persiguen conocer la realidad para poder cambiarla según sus necesidades, pero el conocimiento nunca es un fin en sí mismo. Las parejas pensamiento y acción, conocimiento y praxis, se hallan profundamente imbricadas, y su nexo lo constituye la cognición. Una praxis o acción exitosa requiere de una buena cognición de la realidad. De este modo, la acción es el fin último del conocimiento.

El autor indica que la ciencia ni puede ni debe perseguir la praxis o la utilidad, sino comprender lo real, la verdad de las cosas. Desde esta cognición que permite una buena interpretación de la realidad, podrán aplicarse los avances técnicos para actuar, para modificar esa realidad.
Por otro lado, el conocimiento nace del pensamiento individual, imposible de coordinar con otros individuos. Frente a él, la acción exitosa sólo es concebible de manera colectiva, y ésta sí se revela coordinable. Estas formas diferentes de manifestación guardan un fondo común: ambos, conocimiento y acción son fenómenos sociales en cuanto están influidos y persiguen resultados en el seno del conjunto de personas.
Por tanto, acción y pensamiento se desarrollan en el individuo por mecanismos diferentes e incompatibles al tiempo. El científico exitoso no debe preocuparse por las consecuencias de su investigación, sino mantener su distancia con la praxis y recomendar una línea de acción. El individuo que actúa es quien debe cargar con el balance de las consecuencias de su praxis. Sin embargo, retomando las palabras de Einstein, ningún camino puede llevarnos desde el conocimiento de lo que es al conocimiento de lo que debería ser.




Nota crítica a lectura nº1”
Roberto Carballo

En su crítica a la definición de ciencia de Shumpeter, Carballo aduce que su concepción positivista y formal del conocimiento es de carácter ideológico, como no puede ser de otro modo. Esta visión equipara y ensalza la ciencia y el progreso, mientras señala la consciencia y sistemática propias de la ciencia. Longo participa de ese culto al progreso cuando considera objetiva y postrera la etapa histórica en que predomina la ciencia como forma de saber.
De otro lado, Carballo critica el afanoso intento de eliminar la subjetividad de una ciencia que, pretendiendo ser objetiva, no es capaz de delimitar el objeto de estudio navegando entre postulados, hipótesis, axiomas y premisas construidos en un momento histórico, sujetos eventualmente a reconstrucciones en lo venidero.

dijous, 6 de gener del 2011

Lectura 6

CIENCIA Y MÉTODO
Roberto Carballo


  1. SIGNIFICADO DE LA CIENCIA

La ciencia es una actividad humana y social, un esfuerzo humano básicamente consciente, cuyos éxitos en la comprensión de la Naturaleza han permitido al hombre acercarse al conocimiento de sus límites, de su humanidad, al tiempo que han desarrollado en él un sentimiento de prepotencia y de fe en las realizaciones humanas
Concebida como una faceta del hacer social, la ciencia es cada vez más consciente de su humanidad y por ende de sus límites. Como defendiera Hull, las leyes y teorías científicas son siempre provisionales y limitadas en tiempo y espacio.
Sin embargo la ciencia es utilizada hoy en día como instrumento de dominación social. Aislada por su organización interna de la sociedad, y fundamentalmente al servicio del poder de una minoría, los científicos, generalmente reacios al cambio de paradigma, explican primero sus descubrimientos en su lenguaje vernáculo incomprensible, sin especificar casi nunca sus métodos de trabajo.


  1. CIENCIA Y PROGRESO

La ciencia pretende describir y/o explicar la Naturaleza, con el objetivo último de servir de base para la acción progresiva que conduzca al hombre al ideal de libertad. Todo estudioso aspira a que su especialidad sea condecorada con tan distinguida etiqueta, pero la ciencia se protege de impostores. Sin embargo, establecer los criterios para delimitar qué es científico y qué no lo es ha sido uno de los grandes problemas.

Desde el neopositivismo, Popper defiende que para considerarse científica una disciplina, las hipótesis o teorías deben poder ser refutadas por la experiencia. No obstante, para el marxista Gino Largo el requisito según el cual ha de explicarse la realidad partiendo de ella misma es aquella característica definitoria de lo que es ciencia. Esta segunda interpretación conduce al materialismo filosófico. El marxismo será la primera concepción del mundo basada total y exclusivamente en la ciencia. Advirtiendo las orejas dogmáticas que asoman a esta concepción de la ciencia, Carballo se comulga con una definición abierta de la ciencia, que incida en las notas de consciencia, sistematización y autolimitación, y de esta manera lograr ofrecer una explicación de la naturaleza.

Una nueva concepción se extiende actualmente: no existen “ciencias” sino “teorías científicas” cuyo corpus forma la ciencia en un momento histórico concreto. Nos hallamos ante un intento sistemático y acumulativo de aprehensión de la naturaleza, como base del progreso humano, que al tiempo ensalza religiosamente el método científico para convertirlo en instrumento de dominación social.


  1. CIENCIA Y CONCEPCIÓN DEL MUNDO

Una concepción del mundo no se refiere a un conocimiento positivo, sino a aquellas afirmaciones acerca del mundo físico y de la vida y aquellos códigos de estimación de la conducta. Estas afirmaciones y códigos derivan en formas de entender el mundo, entre las cuales encontramos la ciencia. La falla entre el no-saber y el conocimiento científico responde a un constructo analítico y teórico más que un problema real.

Los resultados provisionales del conocimiento científico se nutren directamente de las ideas inconscientes que articulan nuestra percepción de la realidad. Por ello, la ideología tiene un peso mayor en la elaboración del método científico. Este método es esencial en la ciencia, pues nos permite obtener resultados o esquemas científicos que siempre serán provisionales. Es más, el método nos proporciona las claves de la sustitución de un esquema por otro. La ciencia asienta su desarrollo sobre la base de un método en constante proceso de transformación.


  1. MÉTODO E IDEOLOGÍA

El método sin embargo, no es ajeno a la ideología, ya que ésta, citando a Schumpeter, “tiene amplias puertas para penetrar en el proceso”. Todas las fases históricas de investigación y la exposición científicas están impregnadas de ideología, que juega un papel complementario, no únicamente sustitutivo, en la creación de conocimiento. Tomando en cuenta el componente ideológico y el científico, el mecanismo para hallar el saber científico emana del método sesgado por la ideología del investigador y de su tiempo y circunstancia.


  1. ETAPAS DEL MÉTODO CIENTÍFICO

Podemos identificar cuatro etapas de la investigación: descripción, clasificación, explicación y verificación, pudiéndose utilizar hasta tres modos de inferencia: deductivo, inductivo y reductivo. Esto permite la existencia de diferentes corrientes metodológicas y de la multiplicidad de parcelas de ciencia con diferentes objetos de estudio. En cuanto al investigador, las cualidades de espíritu de observación, capacidad de abstracción, fantasía creadora, intuicion, habilidad formalizadora y manual, junto con la conciencia de la propia ignorancia y el afán por la verdad, son elementos generalmente apreciadas positivamente.

  • Primero: investigación de la realidad, objeto de conocemiento no puede iniciarse sin lo que Schumpeter llama “visión” o acto cognoscitivo pre-analítico. El investigador cuenta con:
    • El marco paradigmático en que s mueve científicamente.
    • Una influencia ideológica externa consciente y, a veces inconsciente que lo condiciona, esto es, una concepción del mundo total o parcialmente explicitada.
    • Una circunstancia personal que lo motiva por sus capas biogénica, psicogénica y sociogénica.
  • Segundo: observación de los hechos, de la realidad, a la que sigue un proceso teórico de abstracción (inferencia deductiva) en la que trataremos de describir y clasificar los elementos y relaciones de la realidad para formular una síntesis teórica en forma de hipótesis, modelo o teoría siempre con carácter provisional.
  • Tercero: esta hipótesis se desarrolla deductivamente en un proceso interactivo que va de lo real a o ideal y viceversa. Esta fase de concretización (inferencias deductiva, inductiva y reductiva combinadas) nos conduce a una nueva síntesis teórica, en general ya formalizada como modelo o teoría. El resultado de la investigación es siempre provisional (histórico). Constituye una base para la creación de nuevos problemas.
  • Cuarto: síntesis teórica así enriquecida explica la realidad, pero tiene que superar otro filtro: la contrastación intersubjetiva. Para ello deberá ser transmitida a la comunidad en un lenguaje formalizado, como un todo estructurado de lo general a lo particular.


  1. MÉTODO DE INVESTIGACIÓN Y MÉTODO DE EXPOSICIÓN

El método de investigación debe distinguirse formalmente del método de exposición. Karl Marx dirá al respecto: “La investigación ha de tender a asimilarse en detalle la materia investigada, a analizar sus diversas formas de desarrollo y a descubrir sus nexos internos. Sólo después de coronada de esta labor, puede el investigador proceder a exponer adecuadamente el movimiento real. Y así sabe hacerlo y consigue reflejar idealmente en la exposición la vida de la materia, cabe siempre la posibilidad de que se tenga la impresión de estar ante una construcción a priori”
La investigación constituye la totalidad del proceso de conocimiento científico, mientras que la exposición sólo es posible tras finalizar la primera etapa de investigación. Se trata de un proceso dialéctico que, partiendo de una formulación tórica del problema y de sus coordenadas teórico-prácticas, permita la realización de un análisis empírico de la realidad objetiva que nos lleve a formular una hipótesis explicativa de los hechos lógica y coherentemente.

divendres, 19 de novembre del 2010

Arenas de justicia desgarrada, por el bien del Estado

Tras la publicación del primer informe independiente desde que estalló la crisis del Sáhara, Human Rights Watch ha puesto de manifiesto los acontecimientos, limando las versiones de ambas partes. Fuerzas del orden marroquís entraron sin armas de fuego en un campamento saharaui de 20.000 personas cercano a El Aaiun levantado hacía un mes, propiciando violentas palizas hasta dejar en la incosciencia a varias decenas de individuos, además de serios daños materiales. A esto le siguieron detenciones masivas y maltratos por parte de la policía a miembros del campamento. El balance de muertos deja dos víctimas saharauis y once miembros de las fuerzas de seguridad de Rabat. Marruecos negó la libertad de prensa, dejando pasar medios de comunicación con cuentagotas.
En el Estado español, el ejecutivo lanzó una prudente y tímida muestra de preocupación, frente a la opinión pública que clamaba por un comunicado de condena más contundente ante la violación de los Derechos Humanos acaecida en la antigua colonia española. Por su parte, representantes del frente polisario declaraban hace unas horas la disposición a continuar con las agresiones si el derecho no era respetado.

España es un Estado con una responsabilidad relativa, pese a lo que defensores de la causa saharaui intenten forzar. Si bien fue metrópoli hasta 1975 y nunca ha renunciado formalmente al territorio, no se ha vuelto a reclamar, y no existen lazos políticos entre ambos. Sin embargo, ¿es adecuada la respuesta del Estado español ante la crisis del Sáhara? Y si lo es, ¿adecuada en virtud de qué? ¿qué subyace bajo esta postura prudente y tímida?

El sistema internacional está articulado en relaciones entre estados donde el máximo valor es lo que cada uno de ellos decida como “interés de Estado”. En el caso español, esos intereses en lo que a la relación Rabat-Madrid se refiere, se compone de seguridad ante un ataque externo, con especial atención al terrorismo islamista radical, el fomento de la actividad económica, tema que no es baladí en la situación actual, control de la inmigración y cooperación policial. Éstas, y el desconocimiento preciso de los acontecimientos a causa de las trabas a la libre expresión impuesta por el régimen alahui, son las razones esgrimidas por el ejecutivo de Rodríguez Zapatero para no dañar las relaciones diplomáticas con Marruecos. La única condena vendría de la mano de la Comunidad Internacional en su conjunto. Parece claro, que la respuesta diplomática es perfectamente adecuada a los intereses de Estado.

Planteemos la cuestión de la forma inversa. ¿Qué se pierde al no condenar la violencia hacia el pueblo saharaui y la escalada de violación de los Derechos Humanos en Marruecos?
Las resoluciones de Naciones Unidas y la jurisprudencia del Tribunal Internacional de Justicia avalan el derecho de autodeterminación del pueblo saharahui, recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y la irrupción sin consentimiento en un campamento saharahui por parte de las tropas marroquís atenta contra esa autodeterminación. El enfrentamiento tiene además un peligrosísimo cariz étnico, percibido así por los miembros de ambas poblaciones, independientemente de los entresijos legales que venga a buscar el régimen alahuí para decir lo contrario. A esto se suma la eventual escalada del conflicto sugerida por el representante del frente polisario en Madrid, que a buen seguro chirriaría a más de un defensor del pueblo Palestino que enarbole banderas de hermandad árabe frente a Israel.

España mantiene como principio constitucional el respeto a los Derechos Humanos, y a ellos se adhiere también la comunidad internacional. Sin embargo seguimos moviéndonos en un sistema internacional en el que los Estados, y no los Ciudadanos están en el centro del servicio que prestan los gobernantes. Todos los valores conquistados con la evolución de nuestras sociedades, plasmados en su máxima expresión en la Declaración Universal de Derechos Humanos, no se aplican a este escenario global. Todavía no. De fronteras para dentro, el Estado español está firmemente comprometido con los Derechos Humanos como principio más elemental en cualquier relación humana que se dé. Sin embargo, este constructo, la marca, el límite, la frontera, impide mantener los mismos principios hacia los ciudadanos hermanos de otros pueblos. En este momento, cabría preguntarse, ¿hasta qué punto estamos dispuestos a contemplar cómo se violan impunemente esos valores esenciales que nos hemos dado, en nombre del “interés del Estado”? ¿Es que nadie va a tener la coherencia de extrapolar los valores que los Estados han acordado, desde las sociedades internas a las externas, como marco básico de relaciones humanas? ¿Cuánto más tendremos que esperar para ver al Ciudadano del globo defendido en primerísimo lugar, aunque ello implique sacrificar recursos?

Es cierto que España, además, se halla en una situación difícil por su posición de entrada de migrantes ilegales, proximidad a células terroristas islámicas, la crisis económica de la que no acabamos de remontar. No es a buen seguro, una apuesta fácil declarar su condena abierta a Marruecos. Madrid es tan culpable como París, Washington, Brasilia o Moscú, pero el error ajeno nunca es buen escudo para los fallos propios. El cambio del sistema internacional se puede hacer con otro “summit”, como aquél que transformó tan significativamente el sistema económico tras la crisis actual, o se puede hacer comenzando por pequeñas acciones, reivindicando su por qué, lanzando un mensaje claro a otros Estados. Es el coste de la Justicia. Hoy sin embargo, todavía no vale tanto esfuerzo.

divendres, 12 de novembre del 2010

Basta de pervertir nuestro espacio público!!

Es responsabilidad del politólogo comprometido con la mejora del funcionamiento del sistema político poner el grito en el cielo ante semejante perversión del espacio público. Sencillamente, no lo debemos tolerar, estas prácticas caen unos metros más allá del núcleo deontológico de esta profesión. En efecto, a las no muy afortunadas declaraciones que Felipe González realizaba recientemente acerca de sus dudas sobre haber o no volado la cúpula de ETA cuando tuvo la oportunidad, le ha seguido una retahila de reacciones y contrarreacciones desde algunos partidos políticos. Por un lado, algunos partidos como el propio Partido Socialista o Convergència i Unió contuvieron las polémicas declaraciones fuera del espacio público, mientras partidos como Izquierda Unida o Esquerra Republicana de Catalunya elevaron esas declaraciones a asunto de relevancia pública, haciendo una grandilocuente defensa del Estado de Derecho. La necesidad de hacerse con el poder llevó al Partido Popular más allá en su acción, zurciendo con dureza el asunto en la esfera pública mediante la acusación a González de haber reconocido responsabilidades en el terorismo de Estado, para acto seguido cargar contra las opiniones frente a estas acusaciones de sus oponentes políticos actuales. Su perfeccionada estrategia de márketing político, calcada de la empresa privada, muestra un respeto nulo por un elemento sagrado en la política: el espacio público.
Esta esfera se erige como el lugar de intercambio más importante entre los representantes y los representados, en el que se determina la res publica. Es aquí donde se trasladan las demandas de los ciudadanos, para ser recogidas por los encargados de elaborar las políticas públicas. Pero también es un espacio, no lo olvidemos, que brinda la oportunidad a los opositores políticos de poner de manifiesto fallos, alternativas y aciertos de las políticas del Gobierno (aunque esto de reconocer los aciertos pueda generar una comprensible extrañeza en el Estado español), generando un debate sobre asuntos de relevancia pública. Este concepto de relevancia pública no deja de ser difuso, moldeado por élites, crisis, valores, catástrofes, desarrollo científico o eventos internacionales. Para ser relevante un asunto debe desde luego tener un impacto en la vida de los ciudadanos y generar demandas al sistema político. El Partido Popular, desde su privilegiada posición de influencia como principal partido de la oposición, atrae una gran atención de medios de comunicación. Éstos trasladarán indefectiblemente su estrategia de márketing electoral a la esfera pública. Señores estrategos, no todo vale en política. El espacio público no es un instrumento rendido al servicio de las campañas publicitarias. Por supuesto puede y debe utilizarse para la crítica a las políticas del Gobierno, siempre que la oposición lo estime conveniente para el ciudadano. Pero nunca debe perder de vista que se trata de un espacio donde se deciden los asuntos de relevancia pública, que determinarán los procesos de toma de decisiones colectivas que posteriormente afectarán a las vidas de los ciudadanos. Trasladar a los ciudadanos lo que opina cada fuerza política sobre unas declaraciones que hizo un ex-presidente acerca de un caso ya juzgado no tiene relevancia pública. No la tenía por definición el asunto, pero además así se demuestra en sus declaraciones, que oscilan entre la incuestionable defensa del Estado de Derecho y la omisión del espacio público. 
Nos hallamos ante un anquilosamiento en valores predemocráticos que no conciben la competición política como un servicio al ciudadano, sino como una lucha de poder donde la victoria es lo más importante, en detrimento del servicio público. Es lamentable reflexionar sobre la bajeza de los publicistas y la aquiescencia de una gran parte de la clase política española, la perversión de este sagrado espacio público que es, en democracia, un instrumento ante todo al servicio del ciudadano, y desde luego no al servicio de una estrategia de desgaste con un tema tan irrelevante que ensucia cuando se expone con tal fuerza en el espacio público.

dissabte, 23 d’octubre del 2010

África: vientos del este


Where others fear to tread

The decision by a Chinese business school to set up in Africa highlights Western schools' reluctance to engage with the continent


FOR anyone seeking proof of the extent of China’s reach into Africa, this year’s graduation ceremony for executive MBA students at the partly state-run China Europe International Business School (CEIBS) in Shanghai would have been a good place to start. Alongside the predominantly Asian faces delightedly collecting their degrees were 30 Ghanaians and 12 Nigerians—the inaugural cohort on CEIBS’s Africa programme. 
The programme, which kicked off in Accra, the capital of Ghana, in early 2009, is one of the first offered by a renowned international school in sub-Saharan Africa. Alongside the executives from both local and international companies were a smattering of governmental types, including a Ghanaian MP and a high court judge. Virtually all had met the programme’s $30,000 cost from their own pockets. 
Although it currently only offers the part-time executive MBA in Ghana, which is taught mainly by Shanghai-based professors and uses rented premises, China’s largest business school has grand ambitions for Africa. It hopes to open a campus in Accra and to launch a full-time MBA. Pedro Nueno, CEIBS's president and the Africa programme’s pioneer, calls Africa “the last big opportunity on the planet” for business schools.
China’s relationship with Africa is burgeoning. What started as the post-colonial, revolutionary solidarity of the cold war era, is now being driven by China’s need for the continent’s bountiful resources. Yet the behaviour of some Chinese elements has led to accusations, occasionally justified, of neo-colonialism, resulting in little economic benefit for ordinary Africans, but high costs, including environmental degradation and human-rights abuses. 
CEIBS’s move into Ghana comes at an opportune time. The school chose the west African state, it says, because of its relative stability and decent educational tradition, as well as its proximity to the larger, but far less benign, Nigerian market. But it is little coincidence that Ghana also stands poised to join its neighbours as an oil and gas producer. The discovery of the offshore Jubilee oilfield in 2007 was followed, in July this year, by further discoveries at the Owo field, described as “transformational” by Tullow Oil, a British company working in partnership with Ghana’s government-owned National Petroleum Company. 
However, CEIBS pleads more than mere business interests. “CEIBS has been instrumental in developing the business talent that has helped China develop,” says Kwaku Atuahene-Gima, a Ghanaian-born professor of marketing and innovation and the programme’s executive director. “The Europeans and Americans were the colonisers of Africa, but there was not much development, or improvement in standards of living. China has over the past 30 years transformed a very poor economy into a very vibrant one….We decided to bring our model to Africa to help Africa develop.”
Bold claims to make for an MBA programme. But Africa is certainly lacking in credible business education. Rankings and accreditation agencies are untroubled by schools outside South Africa, and local institutions are underresourced and oversubscribed—Ghana’s education ministry claims 40% of qualified applicants are turned down by the country’s public universities. 
For some students, the China connection was indeed a factor in their decision to stump up the hefty fee (one young Nigerian entrepreneur enthuses about Africa’s need to “make a great leap forward”). Others, though, are more pragmatic: for them it is just a case of taking the available opportunities. One student puts it simply: “Africa has many incoming Chinese investors. CEIBS-trained managers may be of interest.” Another participant points to a confluence of factors in deciding to enrol: “A world-class school in Africa, removing the need to travel, plus the China synergies made sense at this time.” 
Ghana’s government is similarly pragmatic about having CEIBS on board, especially as the school is bearing the costs and risk. One member of parliament, Inusah Fuseini, Ghana’s deputy minister of energy, has enrolled on the course “because it offers an opportunity to learn about the East Asian way of conducting affairs”. John Dramani Mahama, the country’s vice president, who accompanied the cohort to Shanghai for the graduation, says the entry of CEIBS offers an opportunity to “broaden the mindset” of Ghanaians. In development terms, he says, “the challenges China has faced are similar to those Africa faces. Such interaction will make much difference.”
The attitude of both students and the government to CEIBS points to a maturing African attitude in dealing with China—a desire to engage, but to do so on more equal terms, with eyes open to the risks. Whether the school’s risk will pay off has yet to be seen. Unlike most executive MBA programmes, few participants receive sponsorship from their companies. Furthermore, Professor Atuahene-Gima admits that that the programme continues to be a money-loser for CEIBS, and that he and Professor Nueno had to overcome much scepticism within the school to launch the programme in the first place. 
In the meantime, he is relishing the opportunity to establish a programme in the country of his birth. Future intakes, he hopes, will attract students from across sub-Saharan Africa (the second cohort already has a few non-African participants from multinationals working in Ghana) and scholarships will be offered to attract more women and less well-off students. 
And as well as a new campus and a full-time MBA, he hopes to launch an African case-studies centre and programmes for women, small businesses and for village elders to help them bring business skills to their communities. Ambitious plans all, but with European and American schools seemingly unwilling to compete in the African market, it can afford to be bold. 















RESUMEN:

La graduación de una nueva promoción de estudiantes chinos y africanos en uno de los más importantes institutos de negocios de Shanghai (el China Europe International Business School) situado en Accra, advierte una nueva mirada al continente de la mano de China.
El instituto ha puesto grandes expectativas en África, considerado el último territorio de negocio del planeta. La implantación de la educación a alto nivel se ha llevado a cabo en un país relativamente estable y de capital humano comparativamente ventajoso, hallado cerca del lucrativo aunque inestable mercado nigeriano. Esta educación de élite promueve la construcción de relaciones comerciales caracterizadas por un trato de igual a igual. La presencia China en África ha tenido un impacto positivo directo en la economía local, con frecuentes casos sin embargo de degradación medioambiental y ausencia de derechos humanos. El proyecto del CEIBS planea su expansión de las posibilidades educativas, ampliando sus actividades a otros colectivos como mujeres, pequeños comerciantes y jefes de comunidades locales.
Frente a iniciativas como la anterior, la ausencia de una inversión económica occidental en el continente de este cariz pone en evidencia la recalcitrante resistencia de sus agentes económicos para repensar las relaciones comerciales.





ESQUEMA:

Una oportunidad para el desarrollo de la imagen y la economía africana...
  • La imagen dejada por historia colonial occidental y su repercusión económica
  • Una nueva forma de pensar África: tierra de oportunidades

...mediante la implantación del modelo de desarrollo económico asiático en África
  • Transferencia tecnológica y educación: ejemplos
  • La entrada del capitalismo sin garantía de derechos y libertades políticas, económicas y sociales, y medioambientales.




COMENTARIO:

Bien sea por no perder el tren del progreso, o por puro pragmatismo profesional, lo cierto es que los estudiantes africanos saludan amablemente, incluso con entusiasmo la instalación del CEIBS en la capital de Ghana. Tras siglos de relaciones económicas fundadas en la desigualdad y la discriminación que llegan tristemente hasta nuestros días, el nuevo inversor chino da un giro de rosca al concepto occidental de África, hasta ahora el único con suficiente poder económico para imponerse. A la tradicional extracción de recursos naturales de las potencias coloniales y neocoloniales se ha sumado un modelo económico novedoso en el continente, que recuerda poderosamente al desarrollo de los países asiáticos bajo el paraguas inversor japonés desde los años 60. Estas nuevas relaciones económicas abren una eventual vía al desarrollo económico, no exenta sin embargo de problemas medioambientales y de garantía de derechos.

Soplan nuevas brisas en África, una irrupción asiática que se presenta ambivalente. Por un lado, contiene algunas continuidades con las relaciones comerciales tradicionales con occidente, como es la explotación de recursos naturales (madera, petróleo, gas), o incluso algunos pasos atrás en materia de garantía de derechos humanos, punto éste que a buen seguro daría lugar a encendidos debates. Por otro lado, cometerían un error los que minusvaloran el revolucionario impacto que supone la puesta en marcha de una nueva mirada sobre el continente.
La historia colonial ha esculpido una imagen de África en la filosofía occidental, inicialmente como tierra de seres inferiores, incivilizados, lejos de la virtud y de Dios, a los que había que “ayudar”. Entretanto aquellos recursos sin dueño capaz de defenderlos eran “aprovechados” gratuitamente por las potencias coloniales. Este sistema exterior de comercio, cristalizado en los corruptos sistemas políticos apenas cambiaron en sus mandatarios y un puñado de símbolos tras las independencias, mientras que la desigualdad económica hallaba su camino, ignorando por completo la población local. A la beneficiosa lucha contra el racismo no ayudó, sin embargo, el injusto retrato de África generalizado en los medios de comunicación occidentales y campañas de ONGs, donde la pobreza, la hambruna, la violencia y la muerte se imprimía en los imaginarios colectivos. Una imagen de África nada alentadora para la inversión, celosa de la seguridad de sus apuestas. El bullicioso auge de los mercados fronterizos, la prosperidad de algunos grupos étnicos (el grupo bamileke, en Camerún) no ocupa ningún lugar en los diarios económicos.
Por lo que a los inversores chinos les atañe, su historia con África no está ligada al colonialismo, queda más bien, bastante desligada de las mismas relaciones con el continente desde hace hace más de cuatro siglos, tras un nuevo ciclo de repliegue hacia el interior de la política imperial china. En la historia más reciente y como se señala en el artículo, durante la guerra fría existió una cierta solidaridad revolucionaria tras las independencias. En su contexto próximo, numerosos países económicamente poco desarrollados, entre los que se incluye China misma, han experimentado un crecimiento rápido que ha elevado la capacidad adquisitiva de buena parte de la población, y que para mantener el crecimiento, necesitan de nuevos países en los que invertir en actividades que ya no sean rentables en el propio territorio. Desde este enfoque regional asiático, la imagen de África es una región con un gran potencial, por hallarse en un estadio bajo de desarrollo económico y tener una fuerte demografía. La educación de élite, el fomento de la actividad económica local, la inversión en formación, la contratación de población local y las condiciones igualitarias (al menos sobre el papel) de comercio que mantienen los inversores chinos aporta desde luego una imagen renovada del continente, una imagen de personas con mucho potencial, radicalmente opuesta a la imagen occidental.

Pero, ¿cómo es posible que nos hallemos ante enfoques tan dispares? ¿cuál es la intención económica que subyace de esta nueva aproximación al continente? Remitiéndonos al contexto de desarrollo en Asia de los dragones (Taiwan, Corea del Sur, Singapur, Hong Kong) y los tigres asiáticos (Indonesia, Tailandia, Vietnam, Filipinas), además del ineludible particular modelo Chino, podemos observar poderosas similitudes entre la inversión china en África y las inversiones entre estos países asiáticos.
Fundamentalmente, el modelo de crecimiento asiático copia gracias a la inversión extranjera la industria de una sociedad tecnológicamente más avanzada, a cambio de lo cual exporta los productos a precios más baratos. Con el ahorro, las nuevas élites económicas invierten en otros países en menor estadio de desarrollo, deslocalizando la industria primitiva y atrayendo nuevos capitales externos para la obtención de industrias más desarrolladas, y la lógica continúa con nuevos países en la base de la pirámide y tecnologías más desarrolladas e investigación en la cúspide. Para este modelo, diversos factores facilitan el crecimiento económico (que explican por un lado, el fracaso de este modelo en América Latina): de un lado, la estabilidad política, y de otro, la educación de la población. Precisamente fueron los dos argumentos que el CEIBS esgrimió para su instalación en Accra, relativa estabilidad política y buena base educacional. También son estos dos ejes los que articulan la inversión china en África, de un lado educación local y de otro, actividad económica. Evidentemente, podemos deducir fácilmente que el modelo productivo chino en alza necesita nuevos mercados para colocar sus bienes, y es siguiendo este interés individual (y no una ingenua repentina preocupación por África) que el gigante asiático promueve la creación de un mercado fuerte en el continente.
Sin embargo, a las consecuencias económicas positivas -según reza el artículo, “China has over the past 30 years transformed a very poor economy into a very vibrant one”- se agregan agrias críticas sobre un crecimiento que no va acompañado de respeto al medio ambiente y a los derechos humanos. En este aspecto, esta nueva brisa asiática retoma los rasgos del modelo chino de crecimiento, obviando el modelo piramidal de Japón, los dragones y tigres, caracterizados, al menos los primeros, por regímenes políticos democráticos que respetan en gran medida los derechos políticos, económicos, sociales y medioambientales. En efecto, China se distingue por un crecimiento predatorio de sus recursos naturales, dejando en un segundo plano las cuestiones medioambientales y con un régimen político autoritario que no garantiza los derechos humanos. Podríamos decir que la inversión china sólo está interesada en elevar la demanda y estabilizar los mercados para beneficio de sus empresas, sin importancia de la existencia de irregularidades políticas conforme a los derechos humanos o de abusos medioambientales. Actitud sobradamente comprensible por otro lado, desde que China es la primera en pasar por encima de éstos.

Mucho se ha discutido sobre la prioridad del desarrollo económico sobre el desarrollo democrático y de los derechos humanos o sobre la combinación armoniosa de ambos. La posición de China es clara, pero no es la suya la última palabra. Las relaciones se establecen en pie de igualdad, y las sociedades africanas son soberanas para autodeterminarse. Hasta el momento, los estados occidentales inversores han cuidado una retórica de implantación de democracia y respeto a los derechos humanos, pero lo cierto es que los intereses económicos de grandes empresas pasaron a menudo y continuan pasando por encima de esa retórica: extracción de minerales en la RDC y la retroalimentación del conflicto, implicación de Francia en el proceso político que llevó al genocidio en Rwanda, apoyos facciosos en Costa de Marfil, Guinea ecuatorial, y un largo etcétera. África, continente de eterna esperanza y continuas promesas irrealizadas, tiene ante sí una nueva oportunidad, de la mano de la educación que los intereses individuales chinos promueven, para dirigir sus sociedades hacia un desarrollo íntegro.

La importancia de llamar a las cosas por su nombre

Salgado: ´España no necesita un plan B´

La ministra de Economía está en Washington para asistir a la Asamblea Anual del FMI y el Banco Mundial

[10/10/2010]

EFE / WASHINGTON La vicepresidenta segunda del Gobierno español y ministra de Economía, Elena Salgado, rechazó hoy que el país necesite un plan alternativo de medidas económicas, o "plan B", como sugirió recientemente el FMI, en caso de que no cumpla con los objetivos de reducción del déficit.

"Los planes B no son nunca una buena noticia, porque se convierten en plan A sólo con verbalizarlos", dijo la ministra, que se mostró convencida de que España "va a cumplir" el compromiso de reducir el déficit al 6 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) en el 2011, como marcan los Presupuestos Generales del Estado.

"Nosotros tenemos un plan A que se va a cumplir", insistió la ministra, que participa estos días en Washington en la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM).

Salgado se mostró además confiada en la evolución del empleo en España, y aseguró que para el año próximo su Gobierno prevé la creación de 45.000 empleos netos a tiempo completo.

En los últimos días, representantes del FMI y del Banco de España han sugerido al Ejecutivo español que, en previsión de que no se cumplan las expectativas de crecimiento, diseñe un plan de contingencia, al que se ha bautizado como "plan B", para corregir posibles desviaciones del Presupuesto.

El Fondo pronosticó el miércoles que la economía española crecerá tan sólo un 0,7 por ciento en 2011, casi la mitad del 1,3 por ciento adelantado por el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero la vicepresidenta segunda del Gobierno español negó hoy esta posibilidad, con el argumento de que establecer un "plan B" tendría un efecto contrario en los mercados, porque revelaría que no están convencidos de sus previsiones.

"No tenemos un plan B porque estamos totalmente convencidos de que vamos a cumplir el plan A. Si no fuera así, sí que lo necesitaríamos, pero no es el caso", indicó.

Salgado explicó, además, que los datos indican que en los ocho primeros meses del 2010 se han cumplido las metas de reducción del déficit, por lo que "no debe haber ninguna duda de que los vamos a cumplir el año próximo. Vamos a cumplir al cien por cien nuestro plan, estamos convencidos".

Destacó que para el Gobierno español la "máxima prioridad" es cumplir el objetivo de déficit del 6 por ciento para el 2011 que, según dijo, es una "estimación conservadora", dado que los ingresos fiscales este año están siendo superiores a lo presupuestado.

La ministra apuntó que, aunque el Gobierno español estudia las proyecciones del FMI, mantiene "discrepancias" con respecto a sus previsiones de crecimiento económico para España.



RESUMEN DE LA NOTICIA:

“Salgado: España no necesita un plan B” (Levante EMV, 10/10/10)


Durante la Asamblea Anual del FMI y el BM de ayer en Washington, la ministra de Economía Elena Salgado discrepaba con la sugerencia que el FMI hacía al Gobierno español de proyectar un plan B si no se cumplen las expectativas de crecimiento.
Cifras que manejaba el Gobierno: 1,3% de crecimiento en 2011
Cálculos del FMI: 0,7% de crecimiento en 2011

La ministra se mostró muy confiada en que la previsión de reducción del déficit al 6% del PIB en 2011 se conseguirá, argumentando que las previsiones se han venido cumpliendo desde agosto y que además el ingreso fiscal está siendo mayor del esperado para 2010.

Salgado rechaza un eventual Plan B, que generaría desconfianza en los mercados. Desde el Banco de España se contraargumentó que no cumplir las expectativas de crecimiento ya supone una desconfianza en los mercados. La ministra dijo que el gobierno estudia las proyecciones de crecimiento del FMI pero que mantiene “discrepancias” con ellas.




ESQUEMA:

El encuentro de miradas diferentes a la realidad económica...
  • Estimación de crecimiento de 0.7% por el FMI&BM y del 1.3% para Gobierno de España.
  • Discrepancia en el modo de medir el crecimiento.
...repercute en los mercados.
  • Las previsiones modifican la confianza en los mercados.
  • Los instrumentos de medición tienen un impacto importante en la actividad económica.




REFLEXIÓN:

En esta noticia dos visiones económicas entran en conflicto en un indicador, en este caso la previsión de crecimiento del PIB español para el año 2011. Mientras que el Gobierno de España había fijado esa previsión en el 1.3%, el FMI y el BM manejan un dato del 0.7%, con el cual discrepa el Gobierno. En un intento de salir airosos del conflicto, la ministra concentra su discruso en el objetivo de la reducción del déficit al 6% del PIB en 2011, que podrá a todas luces ser cumplido con éxito.
Las nuevas previsiones de crecimiento a la baja del FMI repercuten negativamente en la confianza en los mercados, como se afirma desde el Banco de España. Elena Salgado acusa al FMI y al BM de ser los eventuales causantes de una pérdida de confianza en los mercados al sugerir la corrección de un plan de acción. Detrás de las diferentes previsiones se hallan los instrumentos para medir la realidad económica, piedras angulares de la influencia en la confianza en los mercados que se modifica cada vez que unos chocan con otros.