dimecres, 12 de gener del 2011

1. EL MÉTODO DE MARX



UN PENSAMIENTO ABSTRACTO:

Karl Marx apostó para aproximarse a la realidad económica que le rodeaba, por una metodología abstracto-deductiva, lo que dicho en otras palabras quiere decir un acercamiento desde lo genérico hasta lo concreto, de lo abstracto a la realidad. Este enfoque tiene, como su primo hermano el inductivo, ciertas limitaciones que vale la pena considerar. La trampa de la abstracción es caer en el universalismo pretendido de la ciencia, sobre la base de un imposible rigor científico. En efecto, como Sweezy nos recuerda, el problema que se examina y los elementos que consideramos en su análisis son necesariamente limitados, como limitadas son las capacidades intelectuales y la posibilidad de obtener información. Un ejemplo: muy diversos autores han realizado investigaciones sobre lo que a priori constituye la misma materia, seleccionando y descartando diferentes elementos. De este modo, Adam Smith nos habla de “la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones”, David Ricardo sobre las “leyes que rigen la distribución de productos de la tierra”, al lado de los cuales podemos encontrar “la conducta humana como relación entre fines y medios limitados que tienen usos alternativos” de Robbins. Únicamente mediante la comprobación experimental de las hipótesis que se ha planteado puede confirmarnos un buen ejercicio de abstracción.

En cuanto al caso de Karl Marx, el elemento alrededor del que giran sus análisis es el proceso de cambio social, y el conjunto de la sociedad por extensión. A su alrededor, estudiará las interrelaciones económicas entre otros elementos, pero sin duda éste acabará siendo el pilar de su teoría tras determinar los modos de producción como llave del cambio social. Imbuido por el conflicto hegeliano entre fuerzas opuestas, concebirá la historia desde esta perspectiva. Y desde estos presupuestos básicos, identifica las fuerzas económicas como las variables fundamentales de su estudio, extrapolándolas desde su realidad capitalista a las relaciones sociales (apellidadas ya de producción) de anteriores fases históricas. Marx desarrolla su argumento esgrimiendo que “la relación entre el trabajo asalariado y el capital determina todo el carácter del modo de producción”, con lo que procede a establecer dos sectores enfrentados por la posesión de los medios de producción: burguesía y proletariado. Precisamente, dos de las grandes aportaciones de Marx al pensamiento económico fueron por un lado resaltar que la producción de mercancías no es forma universal e inevitable de la vida económica, y por otro la inclusión en una misma estructura conceptual de las relaciones cuantitativas de producción de mercancías junto a las relaciones sociales subyacentes.

Siguiendo estos preceptos metodológicos, el análisis marxista estará caracterizado por la prioridad de las relaciones sociales del capital y el trabajo, dedicándose al estudio de otras variables separadamente con posterioridad. De este modo, desecha el valor de uso para centrarse en el valor de cambio, único relevante para las relaciones sociales. Además, sólo las formas relacionales más relevantes entre capital y trabajo serán consideradas, esto es, las tendencias estructurales de la sociedad. Todo esto conduce a una aproximación a la economía política desde el análisis de las mercancías, entendida en sentido amplio como todo aquello que se intercambia en un sistema de producción, esto es según su análisis, la fuerza de trabajo del obrero y el dinero recibido a cambio por el capitalista.

 

UN PENSAMIENTO HISTÓRICO:

Junto con la determinación del modo de producción como llave de las relaciones sociales, el método histórico en esencia de Marx es uno de los pilares de su teoría. La sociedad se halla en continuo cambio ad infinitum causado por las idas y venidas de las relaciones entre personas. De este principio abstrae el movimiento como constante inmutable. Construye a continuación la idea de un ciclo de vida del desarrollo de las fuerzas productivas hasta que la mecánica entra en contradicción. Esta mecánica, emana de las relaciones sociales, determinadas nos dice Marx por las relaciones de producción presentes en la sociedad, pero en último término nos recuerda, que es la acción humana la responsable de los cambios del sistema. Este tipo de planteamiento ha abierto camino a una actitud consecuentemente histórica de las ciencias sociales.


MARIO SÁNCHEZ BROX

Lectura 5

El mecanismo de la investigación científica
Gino Longo



Gino Longo nos propone en este texto unas pautas para llevar a cabo la investigación científica, que permitirá llenar la realidad aprehensible de significado. El procedimiento puede dividirse en etapas:

PRIMERA FASE: Comienza dando una importancia crucial a la observación de los hechos de la realidad guiada por una teoría que definirá aquellos que son relevantes. A partir de estos hechos, se pueden formular leyes generales y de este modo llegar al conocimiento. Tras establecer los hechos relevantes, debe procederse al examen de su origen y de las relaciones que tienen con otros hechos. Todas las lagunas con que pudiéramos toparnos deben estar encajadas en un esquema coherente de hipótesis justificadas.

SEGUNDA FASE: Continúa Longo con la formulación de una hipótesis que permita explicar los hechos de forma lógica y coherente. Para ello, el científico debe poseer cualidades como una ardiente fantasía creadora (caso de Gramsci) o fantasía política u organizativa destacada (caso de Lenin), o dicho en otros términos, poseer la capacidad de crear mentalmente imágenes subjetivas distintas de las observables en la realidad. Esta fantasía intrínseca al pensamiento humano, nos permite conocer y modificar la realidad, ser creativos. Por su parte, la intuición debe complementar a la fantasía seleccionando las imágenes más verosímiles o racionales. Para llegar a la libertad del genio, debe someterse a la férrea disciplina de la lógica.

TERCERA FASE: El siguiente paso es la comprobación rigurosa de la correspondencia entre las hipótesis formuladas y la realidad que se pretende explicar. La verosimilitud de tal hipótesis requiere de la reobservación, profundización en el análisis confirmando o refutando la validez de las conclusiones, y por encima de todo un fuerte espíritu crítico y autocrítico.

CUARTA FASE: Por último, se deberá modificar o sustituir las hipótesis anteriormente formuladas con los resultados de la comprobación realizada anteriormente.

Como Schumpeter sugiere, la investigación consta de dos actividades diferentes y complementarias. En primer lugar, la conceptualización de los fenómenos y formulación de relaciones mediante hipótesis verificables, esto es, una elaboración teórica. En segundo lugar, el análisis u observación de los hechos, referido a la búsqueda de datos empíricos con los que enriquecer y contrastar los hechos inicialmente percibidos. La teoría y la investigación empírica deberán de este modo ir de la mano.
Darwin estimaba que lo adecuado era dejarse llevar por la observación, y que ésta nos conduciría a la teoría. En efecto, el mero hecho de comenzar una investigación por una pregunta, que nada más lejos del ascetismo, ya presupone una teoría. La investigadora o investigador posee de antemano un bagaje de conocimientos que influirán de modo determinante en el planteamiento del problema. Aun trabajando de forma aislada, el investigador o investigadora utiliza conclusiones e hipótesis de otros científicos como parte integrante de su propio trabajo. De este modo, las verdades sucesivas relativas, sumadas y asumidas, caminan hacia la verdad absoluta. No es el hombre el que camina hacia ella, como refunfuñaría Platón.

Del proceso de conocimiento sobre el que el autor ha disertado, se extraen dos importantes consecuencias: En primer lugar, que la condición esencial para poder utilizar los resultados de las investigaciones hechas por otros es que por nuestra parte hayamos iniciado una elaboración propia. No se trata pues de coleccionar una serie de pensamientos ajenos, sino de pensar y crear con autonomía. Por supuesto las elaboraciones ajenas pueden ser de gran ayuda para confirmar, corregir, completar y desmentir las propias ideas. La segunda de las consecuencias es que al igual que las concepciones e ideas, los conceptos que expresan las ideas evolucionan históricamente. Por esto, se hace necesario el desarrollo por cada investigador o investigadora de sus propios conceptos.

Toda ciencia aplica pues una visión determinada sobre la realidad, enriqueciendo los métodos que emplea a medida que avanza. Al tiempo que las investigaciones amplían la visión sobre la realidad, modifica a su vez a los individuos. Nuevos datos desvelan la caducidad de algunas suposiciones, dejando paso a otras más próximas a la realidad.

diumenge, 9 de gener del 2011

Repensar la crisis: actuemos también sobre el cambio de valores

Mario Sánchez Brox


Algunos pueden argüir que la crisis financiera global que estallara en 2007 es consecuencia del capitalismo salvaje y liberar a continuación todos los demonios, fundándose en esquemas sociales y económicos pretendidamente científicos. Si la Ilustración se apropió de los rasgos todopoderosos del Altísimo cristiano, para construir en él el nuevo edificio que la razón levantaba, la ciencia, obra maestra de esta nueva construcción, se yergue como heredera directa de esta fatídica nota universal. Con la intención de alejarme de totalitarias recetas metódicamente diseñadas y coloreadas ad hoc para cada situación de la vida, me propongo abrir un espacio de discusión y enriquecimiento para trazar nuevas formas en el pensamiento para dedicado lector y, ya como sublime recompensa, la maduración de estas humildes propuestas desde el respeto y la cooperación.
Quisiera restringir un tema tan amplio como el de la actual crisis financiera a un terreno sobre el que mi mente ha hallado una sensibilidad especial: los valores que guían las conductas. Luis A. Riveros escribía un artículo recientemente para el Instituto Elcano en el que se detallaban las causas de la crisis en las economías nacionales, con especial atención al origen en EEUU, las debilidades macroeconómicas internacionales, a lo que añadía una perspectiva del diagnóstico y pronóstico que el G20 realiza de la situación.
Riveros identifica como uno de los factores de la crisis un problema de gobernanza, es decir, un problema que gira alrededor del diseño y las capacidades institucionales para responder a la realidad y su modo de operar. En efecto, el modelo político estadounidense se inspira en un conjunto articulado de ideas, concepciones, afirmaciones, que dan forma y fuelle a sus instituciones (como ocurre a su vez en sentido inverso). Esta ideología más o menos articulada y consciente genera en la ciudadanía estados de ánimo ante una percepción de la realidad. Éstas derivan en sentimientos (de completud, necesidad, autorrealización, celos, frustración, etc.) que se traducirán en una interacción con el espacio público, incluidas las instituciones. Tomando un elemento de la sociedad estadounidense, que bien podría extrapolarse al resto de economías desarrolladas, su modelo político se basa en “propiciar altas expectativas a los ciudadanos sobre el ritmo de la economía”. Un ejemplo próximo de esta extrapolación: la confianza del Rey Juan Carlos I en la vuelta a la senda del crecimiento económico como deseable mayúsculo durante su último mensaje navideño encauza en la misma línea al espacio político de consenso en el estado español. Este papel capital del ritmo de la economía para cubrir las expectativas del ciudadano (esto es, calidad de gobierno), llevó a la administración a un callejón sin salida, en el que se hacía muy costoso en términos electorales cortar la lógica expansiva del crédito con clientes sin suficiente securización, y se adoptó expresamente una política de expansión fiscal para alimentar el crecimiento, repercutiendo en la expansión del crédito y el aumento de la burbuja.
La economía es la ciencia de la asignación de recursos escasos, es decir, que su ámbito de estudio lo constituyen bienes y servicios objeto de medición y valorización. Bajo la afirmación de Riveros observamos el gran peso que se le otorga a estos recursos escasos en los estados de ánimo de la ciudadanía, que amenazan a las personas con una venenosa concepción de la riqueza. Un discurso político que impele al éxito, entendido éste como el triunfo del individuo a través del crecimiento de su capacidad de compra. No estamos ante otro planteamiento que la felicidad de las personas se construye mediante la obtención de riqueza -fundamentalmente, si bien de manera no exclusiva- en su sentido económico. Aquella parte de felicidad no cubierta con riqueza económica la constituirían las relaciones personales, el reconocimiento, la salud, la belleza, la integridad, la valentía, la inteligencia, el tiempo libre, etc. Desde luego todas ellas fuera del alcance de la ciencia económica de modo mensurable. Sin embargo, el gran peso del valor que denunciamos, de considerar la riqueza económica como pivote primordial de nuestra felicidad, lleva a reproducir el enaltecimiento de la ciencia económica y su área de estudio como proveedora de los elementos a tener en cuenta en las discusiones sobre una crisis que dista mucho de restringirse a una única materia.
No se debe olvidar que la ciencia económica no es un todo omnicomprensivo, ni mucho menos debe revestirse de aquella gracia divina totalitaria, es apenas un instrumento más para comprender y tratar de mejorar, desde el ámbito de las políticas públicas, las condiciones que predispongan a las personas a alcanzar su felicidad. Observamos con claridad con el ejemplo de actualidad de la crisis financiera global, cómo este valor de la riqueza ha perjudicado gravemente no sólo aquellos elementos soslayados por la visión económica de riqueza, sino a la misma satisfacción de condiciones materiales de millones de personas que, bajo este valor, se intentaba conseguir.

divendres, 7 de gener del 2011

Lectura 1

Características del conocimiento científico”
Manual de Economía Política (Gino Longo)


Schumpeter, apelando a un enfoque empirista, define ciencia como “cualquier tipo de conocimiento que haya sido objeto de esfuerzos conscientes para perfeccionarlo. Estos esfuerzos producen hábitos mentales -métodos o técnicas- y un dominio de los hechos descubiertos por esas técnicas”.
Longo defiende la profundización en el concepto conocimiento a fin de aceptar esta definición. La finalidad del conocimiento es descubrir las leyes del universo empírico que rodea al hombre, y se caracteriza por tres elementos básicos:

  1. El conocimiento científico debe trascender la mera descripción de lo real, ser capaz de explicar, de formar en la mente un esquema de funcionamiento de la realidad.
  2. Esta realidad debe ser, continúa el autor, explicada a partir de ella misma, sin introducir elementos extraños. La adopción de este método en la totalidad de esferas de la realidad conduce al materialismo filosófico, que implica el estudio de la realidad objetiva tal y como es, con independencia de la conciencia humana. El marxismo constituye el primer ejemplo de materialismo filosófico llevado al extremo.
  3. El conocimiento no es más que una parte de la actividad humana. Las personas persiguen conocer la realidad para poder cambiarla según sus necesidades, pero el conocimiento nunca es un fin en sí mismo. Las parejas pensamiento y acción, conocimiento y praxis, se hallan profundamente imbricadas, y su nexo lo constituye la cognición. Una praxis o acción exitosa requiere de una buena cognición de la realidad. De este modo, la acción es el fin último del conocimiento.

El autor indica que la ciencia ni puede ni debe perseguir la praxis o la utilidad, sino comprender lo real, la verdad de las cosas. Desde esta cognición que permite una buena interpretación de la realidad, podrán aplicarse los avances técnicos para actuar, para modificar esa realidad.
Por otro lado, el conocimiento nace del pensamiento individual, imposible de coordinar con otros individuos. Frente a él, la acción exitosa sólo es concebible de manera colectiva, y ésta sí se revela coordinable. Estas formas diferentes de manifestación guardan un fondo común: ambos, conocimiento y acción son fenómenos sociales en cuanto están influidos y persiguen resultados en el seno del conjunto de personas.
Por tanto, acción y pensamiento se desarrollan en el individuo por mecanismos diferentes e incompatibles al tiempo. El científico exitoso no debe preocuparse por las consecuencias de su investigación, sino mantener su distancia con la praxis y recomendar una línea de acción. El individuo que actúa es quien debe cargar con el balance de las consecuencias de su praxis. Sin embargo, retomando las palabras de Einstein, ningún camino puede llevarnos desde el conocimiento de lo que es al conocimiento de lo que debería ser.




Nota crítica a lectura nº1”
Roberto Carballo

En su crítica a la definición de ciencia de Shumpeter, Carballo aduce que su concepción positivista y formal del conocimiento es de carácter ideológico, como no puede ser de otro modo. Esta visión equipara y ensalza la ciencia y el progreso, mientras señala la consciencia y sistemática propias de la ciencia. Longo participa de ese culto al progreso cuando considera objetiva y postrera la etapa histórica en que predomina la ciencia como forma de saber.
De otro lado, Carballo critica el afanoso intento de eliminar la subjetividad de una ciencia que, pretendiendo ser objetiva, no es capaz de delimitar el objeto de estudio navegando entre postulados, hipótesis, axiomas y premisas construidos en un momento histórico, sujetos eventualmente a reconstrucciones en lo venidero.

dijous, 6 de gener del 2011

Lectura 6

CIENCIA Y MÉTODO
Roberto Carballo


  1. SIGNIFICADO DE LA CIENCIA

La ciencia es una actividad humana y social, un esfuerzo humano básicamente consciente, cuyos éxitos en la comprensión de la Naturaleza han permitido al hombre acercarse al conocimiento de sus límites, de su humanidad, al tiempo que han desarrollado en él un sentimiento de prepotencia y de fe en las realizaciones humanas
Concebida como una faceta del hacer social, la ciencia es cada vez más consciente de su humanidad y por ende de sus límites. Como defendiera Hull, las leyes y teorías científicas son siempre provisionales y limitadas en tiempo y espacio.
Sin embargo la ciencia es utilizada hoy en día como instrumento de dominación social. Aislada por su organización interna de la sociedad, y fundamentalmente al servicio del poder de una minoría, los científicos, generalmente reacios al cambio de paradigma, explican primero sus descubrimientos en su lenguaje vernáculo incomprensible, sin especificar casi nunca sus métodos de trabajo.


  1. CIENCIA Y PROGRESO

La ciencia pretende describir y/o explicar la Naturaleza, con el objetivo último de servir de base para la acción progresiva que conduzca al hombre al ideal de libertad. Todo estudioso aspira a que su especialidad sea condecorada con tan distinguida etiqueta, pero la ciencia se protege de impostores. Sin embargo, establecer los criterios para delimitar qué es científico y qué no lo es ha sido uno de los grandes problemas.

Desde el neopositivismo, Popper defiende que para considerarse científica una disciplina, las hipótesis o teorías deben poder ser refutadas por la experiencia. No obstante, para el marxista Gino Largo el requisito según el cual ha de explicarse la realidad partiendo de ella misma es aquella característica definitoria de lo que es ciencia. Esta segunda interpretación conduce al materialismo filosófico. El marxismo será la primera concepción del mundo basada total y exclusivamente en la ciencia. Advirtiendo las orejas dogmáticas que asoman a esta concepción de la ciencia, Carballo se comulga con una definición abierta de la ciencia, que incida en las notas de consciencia, sistematización y autolimitación, y de esta manera lograr ofrecer una explicación de la naturaleza.

Una nueva concepción se extiende actualmente: no existen “ciencias” sino “teorías científicas” cuyo corpus forma la ciencia en un momento histórico concreto. Nos hallamos ante un intento sistemático y acumulativo de aprehensión de la naturaleza, como base del progreso humano, que al tiempo ensalza religiosamente el método científico para convertirlo en instrumento de dominación social.


  1. CIENCIA Y CONCEPCIÓN DEL MUNDO

Una concepción del mundo no se refiere a un conocimiento positivo, sino a aquellas afirmaciones acerca del mundo físico y de la vida y aquellos códigos de estimación de la conducta. Estas afirmaciones y códigos derivan en formas de entender el mundo, entre las cuales encontramos la ciencia. La falla entre el no-saber y el conocimiento científico responde a un constructo analítico y teórico más que un problema real.

Los resultados provisionales del conocimiento científico se nutren directamente de las ideas inconscientes que articulan nuestra percepción de la realidad. Por ello, la ideología tiene un peso mayor en la elaboración del método científico. Este método es esencial en la ciencia, pues nos permite obtener resultados o esquemas científicos que siempre serán provisionales. Es más, el método nos proporciona las claves de la sustitución de un esquema por otro. La ciencia asienta su desarrollo sobre la base de un método en constante proceso de transformación.


  1. MÉTODO E IDEOLOGÍA

El método sin embargo, no es ajeno a la ideología, ya que ésta, citando a Schumpeter, “tiene amplias puertas para penetrar en el proceso”. Todas las fases históricas de investigación y la exposición científicas están impregnadas de ideología, que juega un papel complementario, no únicamente sustitutivo, en la creación de conocimiento. Tomando en cuenta el componente ideológico y el científico, el mecanismo para hallar el saber científico emana del método sesgado por la ideología del investigador y de su tiempo y circunstancia.


  1. ETAPAS DEL MÉTODO CIENTÍFICO

Podemos identificar cuatro etapas de la investigación: descripción, clasificación, explicación y verificación, pudiéndose utilizar hasta tres modos de inferencia: deductivo, inductivo y reductivo. Esto permite la existencia de diferentes corrientes metodológicas y de la multiplicidad de parcelas de ciencia con diferentes objetos de estudio. En cuanto al investigador, las cualidades de espíritu de observación, capacidad de abstracción, fantasía creadora, intuicion, habilidad formalizadora y manual, junto con la conciencia de la propia ignorancia y el afán por la verdad, son elementos generalmente apreciadas positivamente.

  • Primero: investigación de la realidad, objeto de conocemiento no puede iniciarse sin lo que Schumpeter llama “visión” o acto cognoscitivo pre-analítico. El investigador cuenta con:
    • El marco paradigmático en que s mueve científicamente.
    • Una influencia ideológica externa consciente y, a veces inconsciente que lo condiciona, esto es, una concepción del mundo total o parcialmente explicitada.
    • Una circunstancia personal que lo motiva por sus capas biogénica, psicogénica y sociogénica.
  • Segundo: observación de los hechos, de la realidad, a la que sigue un proceso teórico de abstracción (inferencia deductiva) en la que trataremos de describir y clasificar los elementos y relaciones de la realidad para formular una síntesis teórica en forma de hipótesis, modelo o teoría siempre con carácter provisional.
  • Tercero: esta hipótesis se desarrolla deductivamente en un proceso interactivo que va de lo real a o ideal y viceversa. Esta fase de concretización (inferencias deductiva, inductiva y reductiva combinadas) nos conduce a una nueva síntesis teórica, en general ya formalizada como modelo o teoría. El resultado de la investigación es siempre provisional (histórico). Constituye una base para la creación de nuevos problemas.
  • Cuarto: síntesis teórica así enriquecida explica la realidad, pero tiene que superar otro filtro: la contrastación intersubjetiva. Para ello deberá ser transmitida a la comunidad en un lenguaje formalizado, como un todo estructurado de lo general a lo particular.


  1. MÉTODO DE INVESTIGACIÓN Y MÉTODO DE EXPOSICIÓN

El método de investigación debe distinguirse formalmente del método de exposición. Karl Marx dirá al respecto: “La investigación ha de tender a asimilarse en detalle la materia investigada, a analizar sus diversas formas de desarrollo y a descubrir sus nexos internos. Sólo después de coronada de esta labor, puede el investigador proceder a exponer adecuadamente el movimiento real. Y así sabe hacerlo y consigue reflejar idealmente en la exposición la vida de la materia, cabe siempre la posibilidad de que se tenga la impresión de estar ante una construcción a priori”
La investigación constituye la totalidad del proceso de conocimiento científico, mientras que la exposición sólo es posible tras finalizar la primera etapa de investigación. Se trata de un proceso dialéctico que, partiendo de una formulación tórica del problema y de sus coordenadas teórico-prácticas, permita la realización de un análisis empírico de la realidad objetiva que nos lleve a formular una hipótesis explicativa de los hechos lógica y coherentemente.

divendres, 19 de novembre del 2010

Arenas de justicia desgarrada, por el bien del Estado

Tras la publicación del primer informe independiente desde que estalló la crisis del Sáhara, Human Rights Watch ha puesto de manifiesto los acontecimientos, limando las versiones de ambas partes. Fuerzas del orden marroquís entraron sin armas de fuego en un campamento saharaui de 20.000 personas cercano a El Aaiun levantado hacía un mes, propiciando violentas palizas hasta dejar en la incosciencia a varias decenas de individuos, además de serios daños materiales. A esto le siguieron detenciones masivas y maltratos por parte de la policía a miembros del campamento. El balance de muertos deja dos víctimas saharauis y once miembros de las fuerzas de seguridad de Rabat. Marruecos negó la libertad de prensa, dejando pasar medios de comunicación con cuentagotas.
En el Estado español, el ejecutivo lanzó una prudente y tímida muestra de preocupación, frente a la opinión pública que clamaba por un comunicado de condena más contundente ante la violación de los Derechos Humanos acaecida en la antigua colonia española. Por su parte, representantes del frente polisario declaraban hace unas horas la disposición a continuar con las agresiones si el derecho no era respetado.

España es un Estado con una responsabilidad relativa, pese a lo que defensores de la causa saharaui intenten forzar. Si bien fue metrópoli hasta 1975 y nunca ha renunciado formalmente al territorio, no se ha vuelto a reclamar, y no existen lazos políticos entre ambos. Sin embargo, ¿es adecuada la respuesta del Estado español ante la crisis del Sáhara? Y si lo es, ¿adecuada en virtud de qué? ¿qué subyace bajo esta postura prudente y tímida?

El sistema internacional está articulado en relaciones entre estados donde el máximo valor es lo que cada uno de ellos decida como “interés de Estado”. En el caso español, esos intereses en lo que a la relación Rabat-Madrid se refiere, se compone de seguridad ante un ataque externo, con especial atención al terrorismo islamista radical, el fomento de la actividad económica, tema que no es baladí en la situación actual, control de la inmigración y cooperación policial. Éstas, y el desconocimiento preciso de los acontecimientos a causa de las trabas a la libre expresión impuesta por el régimen alahui, son las razones esgrimidas por el ejecutivo de Rodríguez Zapatero para no dañar las relaciones diplomáticas con Marruecos. La única condena vendría de la mano de la Comunidad Internacional en su conjunto. Parece claro, que la respuesta diplomática es perfectamente adecuada a los intereses de Estado.

Planteemos la cuestión de la forma inversa. ¿Qué se pierde al no condenar la violencia hacia el pueblo saharaui y la escalada de violación de los Derechos Humanos en Marruecos?
Las resoluciones de Naciones Unidas y la jurisprudencia del Tribunal Internacional de Justicia avalan el derecho de autodeterminación del pueblo saharahui, recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y la irrupción sin consentimiento en un campamento saharahui por parte de las tropas marroquís atenta contra esa autodeterminación. El enfrentamiento tiene además un peligrosísimo cariz étnico, percibido así por los miembros de ambas poblaciones, independientemente de los entresijos legales que venga a buscar el régimen alahuí para decir lo contrario. A esto se suma la eventual escalada del conflicto sugerida por el representante del frente polisario en Madrid, que a buen seguro chirriaría a más de un defensor del pueblo Palestino que enarbole banderas de hermandad árabe frente a Israel.

España mantiene como principio constitucional el respeto a los Derechos Humanos, y a ellos se adhiere también la comunidad internacional. Sin embargo seguimos moviéndonos en un sistema internacional en el que los Estados, y no los Ciudadanos están en el centro del servicio que prestan los gobernantes. Todos los valores conquistados con la evolución de nuestras sociedades, plasmados en su máxima expresión en la Declaración Universal de Derechos Humanos, no se aplican a este escenario global. Todavía no. De fronteras para dentro, el Estado español está firmemente comprometido con los Derechos Humanos como principio más elemental en cualquier relación humana que se dé. Sin embargo, este constructo, la marca, el límite, la frontera, impide mantener los mismos principios hacia los ciudadanos hermanos de otros pueblos. En este momento, cabría preguntarse, ¿hasta qué punto estamos dispuestos a contemplar cómo se violan impunemente esos valores esenciales que nos hemos dado, en nombre del “interés del Estado”? ¿Es que nadie va a tener la coherencia de extrapolar los valores que los Estados han acordado, desde las sociedades internas a las externas, como marco básico de relaciones humanas? ¿Cuánto más tendremos que esperar para ver al Ciudadano del globo defendido en primerísimo lugar, aunque ello implique sacrificar recursos?

Es cierto que España, además, se halla en una situación difícil por su posición de entrada de migrantes ilegales, proximidad a células terroristas islámicas, la crisis económica de la que no acabamos de remontar. No es a buen seguro, una apuesta fácil declarar su condena abierta a Marruecos. Madrid es tan culpable como París, Washington, Brasilia o Moscú, pero el error ajeno nunca es buen escudo para los fallos propios. El cambio del sistema internacional se puede hacer con otro “summit”, como aquél que transformó tan significativamente el sistema económico tras la crisis actual, o se puede hacer comenzando por pequeñas acciones, reivindicando su por qué, lanzando un mensaje claro a otros Estados. Es el coste de la Justicia. Hoy sin embargo, todavía no vale tanto esfuerzo.

divendres, 12 de novembre del 2010

Basta de pervertir nuestro espacio público!!

Es responsabilidad del politólogo comprometido con la mejora del funcionamiento del sistema político poner el grito en el cielo ante semejante perversión del espacio público. Sencillamente, no lo debemos tolerar, estas prácticas caen unos metros más allá del núcleo deontológico de esta profesión. En efecto, a las no muy afortunadas declaraciones que Felipe González realizaba recientemente acerca de sus dudas sobre haber o no volado la cúpula de ETA cuando tuvo la oportunidad, le ha seguido una retahila de reacciones y contrarreacciones desde algunos partidos políticos. Por un lado, algunos partidos como el propio Partido Socialista o Convergència i Unió contuvieron las polémicas declaraciones fuera del espacio público, mientras partidos como Izquierda Unida o Esquerra Republicana de Catalunya elevaron esas declaraciones a asunto de relevancia pública, haciendo una grandilocuente defensa del Estado de Derecho. La necesidad de hacerse con el poder llevó al Partido Popular más allá en su acción, zurciendo con dureza el asunto en la esfera pública mediante la acusación a González de haber reconocido responsabilidades en el terorismo de Estado, para acto seguido cargar contra las opiniones frente a estas acusaciones de sus oponentes políticos actuales. Su perfeccionada estrategia de márketing político, calcada de la empresa privada, muestra un respeto nulo por un elemento sagrado en la política: el espacio público.
Esta esfera se erige como el lugar de intercambio más importante entre los representantes y los representados, en el que se determina la res publica. Es aquí donde se trasladan las demandas de los ciudadanos, para ser recogidas por los encargados de elaborar las políticas públicas. Pero también es un espacio, no lo olvidemos, que brinda la oportunidad a los opositores políticos de poner de manifiesto fallos, alternativas y aciertos de las políticas del Gobierno (aunque esto de reconocer los aciertos pueda generar una comprensible extrañeza en el Estado español), generando un debate sobre asuntos de relevancia pública. Este concepto de relevancia pública no deja de ser difuso, moldeado por élites, crisis, valores, catástrofes, desarrollo científico o eventos internacionales. Para ser relevante un asunto debe desde luego tener un impacto en la vida de los ciudadanos y generar demandas al sistema político. El Partido Popular, desde su privilegiada posición de influencia como principal partido de la oposición, atrae una gran atención de medios de comunicación. Éstos trasladarán indefectiblemente su estrategia de márketing electoral a la esfera pública. Señores estrategos, no todo vale en política. El espacio público no es un instrumento rendido al servicio de las campañas publicitarias. Por supuesto puede y debe utilizarse para la crítica a las políticas del Gobierno, siempre que la oposición lo estime conveniente para el ciudadano. Pero nunca debe perder de vista que se trata de un espacio donde se deciden los asuntos de relevancia pública, que determinarán los procesos de toma de decisiones colectivas que posteriormente afectarán a las vidas de los ciudadanos. Trasladar a los ciudadanos lo que opina cada fuerza política sobre unas declaraciones que hizo un ex-presidente acerca de un caso ya juzgado no tiene relevancia pública. No la tenía por definición el asunto, pero además así se demuestra en sus declaraciones, que oscilan entre la incuestionable defensa del Estado de Derecho y la omisión del espacio público. 
Nos hallamos ante un anquilosamiento en valores predemocráticos que no conciben la competición política como un servicio al ciudadano, sino como una lucha de poder donde la victoria es lo más importante, en detrimento del servicio público. Es lamentable reflexionar sobre la bajeza de los publicistas y la aquiescencia de una gran parte de la clase política española, la perversión de este sagrado espacio público que es, en democracia, un instrumento ante todo al servicio del ciudadano, y desde luego no al servicio de una estrategia de desgaste con un tema tan irrelevante que ensucia cuando se expone con tal fuerza en el espacio público.